PROGRAMACIÓN DIDÁCTICA: PROGRAMA QUE ALGO QUEDA…

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El comienzo del curso suele traer en los centros de Primaria y Secundaria el trabajo sobre las programaciones didácticas. Es un tema que se repite y en el que se suelen reflejar algunas de las dificultades y contradicciones de la práctica docente.

La programación didáctica es un instrumento de planificación que recoge las intenciones del grupo de docentes de una materia en torno a la práctica: qué competencias esperamos que desarrolle nuestro alumnado, qué objetivos de aprendizaje esperamos que alcance nuestro alumnado, cómo organizaremos las unidades de aprendizaje, qué actividades de enseñanza aprendizaje propondremos a lo largo de estas unidades, que contenidos trabajaremos en el aula, cómo organizaremos el tiempo y espacio, qué decisiones tomaremos en torno a la evaluación, cómo haremos la ponderación de las diversas herramientas de evaluación utilizadas, qué tipo de medidas tenemos previstas para atender a la diversidad en el aula…

Por lo tanto, la programación recoge todo aquello que pensamos que vamos a desarrollar a lo largo del curso. Es sin duda una herramienta profesional poderosísima, a condición de que su realización se plantee como una oportunidad para la reflexión compartida y para la mejora de la práctica. En muchas ocasiones, sin embargo no sucede así. La programación es el aburrido, y pesado de realizar, documento que hay que entregar a la Inspección en una fecha determinada para que la sancione. Un documento que se rellena con ayuda de los materiales complementarios que ponen a disposición del profesorado las editoriales y que una vez terminado se guarda en un cajón hasta el curso que viene.

Todos los documentos que tiene que rellenar un centro presentan esta contradicción: o se convierten en puro requisito burocrático o se utilizan como una vía para la mejora. Nos movemos, como en tantas ocasiones, en la dicotomía entre el proceso y el producto. Es innegable que en cualquier centro escolar el comienzo de curso es apresurado, todo son urgencias hasta que el ritmo se acompasa. Sabemos que es difícil encontrar momentos para la reflexión y, mucho más, momentos para la reflexión compartida.

Pero defendemos que, aunque sea a costa de rellenar determinados apartados de la programación con menos profundidad, merece la pena escoger cada año algún aspecto para pensarlo en profundidad y entre todos las personas del equipo. Porque lo enriquecedor de redactar una programación son la discusiones y decisiones que luego escribimos, no la mera escritura.

En este sentido, en la CAPV se han introducido modificaciones en las “Orientaciones para realizar las programaciones didácticas” publicadas en el año 2013 para intentar acercarlas a un modelo de enseñanza y a un planteamiento metodológico que favorezcan el desarrollo de las competencias básicas.  Así, se pide que para este curso, en la programación didáctica de curso y de área o materia, en todas las etapas y materias, haya al menos una unidad didáctica de las que se trabajen que parta de una situación problema que contenga un problema contextualizado y  proponga una tarea concreta para resolverlo. Para realizar este trabajo, los centros disponen del Archivo de situaciones problema con ejemplos para todos los niveles de la Educación Básica.

Además, se pide al profesorado que realice la programación o planificación de esa unidad didáctica utilizando una plantilla que se les proporciona en el “Documento guía para la elaboración de programaciones didácticas. Curso 16/17”. Esta plantilla es la que se utiliza en el material para el profesorado del conjunto de unidades didácticas realizadas por el grupo de desarrollo curricular del Berritzegune Nagusia para proporcionar ejemplos de material didáctico adecuado para el desarrollo de las competencias básicas.

La finalidad de estos cambios en el modelo de la programación es reflexionar sobre la organización de las unidades didácticas que se llevan a cabo en la práctica diaria, acercarlas a un modelo más competencial y comprobar cómo la organización de las áreas y materias no tiene que seguir los modelos habituales que proponen los libros de texto, puesto que es posible organizar las unidades de aprendizaje con otro esquema que las dote de sentido y las haga más funcionales y significativas para nuestro alumnado.

Es una manera de empezar con una prueba… que puede ser el comienzo de un gran cambio.

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