INVERTIR LA CLASE/REPENSAR EL AULA: LA EFICACIA DE LA FLIPPED CLASSROOM

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Hace ya unos años comenzamos a escuchar hablar de un nuevo término relacionado con la educación y las nuevas tecnologías, “The Flipped Classroom”, que poco a poco se ha ido asentando entre el profesorado más innovador. Así lo pudimos comprobar  este verano al participar en un curso  organizado por el MECD  en convenio con la UIMP (Universidad Internacional Menendez Pelayo) que tuvo lugar en Valencia en torno a la idea de  Flipped Classroom: un grupo de más de sesenta docentes con una gran pasión y creatividad dispuestos a dar la vuelta a su clase, y no sólo en el sentido más tecnológico de la palabra sino en un sentido profundo de repensar el aula y las metodologías que allí se utilizan. No se trataba sólo de “invertir el aula”, sino también de “invertir en el aula” como comentaron varios de los ponentes.

La polémica que estos últimos días ha surgido en Twitter a partir de un artículo de Jordi Martí, en el que se cuestionaba de forma bastante radical la eficacia de este modelo y algunas entradas al respecto de Manuel Jesús Fernandez y José Luis Redondo -con quienes tuvimos la suerte de compartir la experiencia del curso-, aportando matices muy interesantes al tema  (hay que diferenciar buenas y malas praxis de la “Flipped classroom”…) nos ha hecho retomar de nuevo este concepto para hacer también desde aquí nuestra pequeña reflexión sobre su potencial educativo.

En el sitio colaborativo dedicado al tema Flipped Classroom definen así el término:

“El Flipped Classroom (FC) es un modelo pedagógico que transfiere el trabajo de determinados procesos de aprendizaje fuera del aula y utiliza el tiempo de clase, junto con la experiencia del docente, para facilitar y potenciar otros procesos de adquisición y práctica de conocimientos dentro del aula.”

Es verdad que este modelo parte, en principio, de un planteamiento tradicional de la clase y se vale de las nuevas tecnologías para su desarrollo: si el tiempo del aula se centra habitualmente, sobre todo en secundaria, en la exposición magistral y los ejercicios de aplicación se hacen en casa, darle la vuelta a esto, según este modelo  es una buena oportunidad para que el alumnado desarrolle la parte más pasiva en su casa, a través de vídeos, infografías o exposiciones grabadas por el profesor/a -con la opción que esto da de escucharlo/visionarlo más de una vez-, y permite que la parte activa (la realización de ejercicios o actividades de aplicación) se desarrolle en el aula donde la ayuda del profesor/a es básico para el éxito escolar y una mejor atención a la diversidad (las pegas de que esto crea una brecha digital entre el alumnado son bastante cuestionables desde el punto de vista de que, como señala José Luis Redondo, prácticamente todo el alumnado tiene al menos un teléfono móvil con conexión a internet que le permite acceder a la información).

Hasta ahí diríamos que hemos dado un primer paso. Pero lo que a nosotras más nos interesa es que este primer paso abre el camino de repensar el aula, la oportunidad de replantear qué hacemos en el tiempo de aula: si el tiempo de aula debe ser un tiempo en el que el alumnado “hace cosas” y no “escucha pasivamente”, estamos ante una gran oportunidad de pasar de los ejercicios repetitivos y reproductivos a actividades creativas que desarrollen el pensamiento y la actitud crítica, de las actividades de aplicación a menudo descontextualizadas a el trabajo por proyectos, del trabajo individualista al aprendizaje cooperativo,  de la evaluación del profesor a la autoevaluación y la autorregulación del propio aprendizaje a través del uso de rúbricas, listas de control diarios de aprendizaje…, es decir, pasar de la clase centrada en el profesor a la clase centrada en el alumno; en definitiva,todo lo que nos lleva a una metodología activa que es la única que nos puede conducir al desarrollo de un aprendizaje real por competencias. 

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Es este, a nuestro entender, el planteamiento que se encuentra en la mayoría de los docentes que abrazan este modelo pedagógico, aunque algunos , no lo dudamos, lo aprovechen para impartir más materia y más rápido, pero no es  lo  habitual. Invertir el aula, en el sentido de la Flipped Classroom, quizás no asegura (sin duda, habrá malas praxis, como en todos los modelos pedagógicos) pero sí promueve y facilita un cambio metodológico muy necesario en nuestras aulas.

En cualquier caso, y aunque podemos especular -y seguro que todos podemos tener algo de razón en ello-, quizás lo fundamental es saber qué opinan los profesores que están poniendo en práctica este modelo pedagógico.  En un reciente artículo de  Javier Touron se recoge un estudio publicado por Faculty Focus en el que los docentes lo encuentran eficaz y significativo en la mejora del aprendizaje de su alumnado. Estos son algunos de los datos:

  • La mayor parte de los profesores que han invertido su enseñanza lo han encontrado positivo, tanto para ellos (70,3%) como para sus alumnos (64,8%).
  • En términos de los beneficios reales, casi las tres cuartas partes veían mayor compromiso de estudiantes (74,9%), mientras que más de vio evidencia de la mejora del aprendizaje (54,66)
  • El 69,5% de los profesores han intentado invertir alguna actividad, clase o curso y se plantean hacerlo de nuevo.

El alumnado del curso al que nos referíamos arriba está ahora en plena fase experiemental elaborando sus proyectos para darle la vuelta a sus clases. Seguro que de ahí salen grandes propuestas innovadoras, que no pretenden sólo que su alumnado vea un vídeo en casa sino que ponen en juego diferentes estrategias y variable metodológicas (aprendizaje cooperativo, rutinas de prensamiento, proyectos de trabajo, propuestas interdisciplinares, autoevaluación…) para desarrollar una metodología activa que haga a los chicos y chicas protagonistas de su proceso de aprendizaje.

Y tú ¿qué opinas?, ¿te animas a invertir tu clase?, ¿a repensar tu aula?

Os dejamos algunas referencias que os pueden ayudar a entender mejor este enfoque pedagógico y en las que encontraréis orientaciones y recursos para su puesta en práctica:

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