EPPUR SI MUOVE La continuación sin retórica

pic_0142.jpg

Sí. Todo muy poético, armonioso y lleno de retórica -el sedal bailaba suelto con las olas que venían…- pero ha llegado el momento de cambiar el tono.

Y amaneció.
Y el problema, la pérdida de las malditas llaves, seguía allí.
El peso de la culpa puso alas a las botas de goma del pescador-contemplativo y me dejó en las puertas del vehículo con cañas, carretes, plomos, anzuelos, varillas, linternas y unos gusanos repugnantes que flotaban ondulantes en un tarro de agua.
Veinte minutos de caminata al pueblo para ponerse en contacto con el concesionario.
Pasa el tiempo.
¡A la mierda las cañas, los carretes y la madre que parió a las gusanas! Me voy.
Lo encuentro hablando con un móvil. ¡Milagro! ¿De dónde ha sacado el teléfono si todo, TODO, está en el interior del vehículo?
Me señala a una mujer que friega sonriente el suelo del único restaurante.
-“Pueden hacer las llamadas que quieran. No se preocupen”
Por la conversación telefónica deduzco que nos llegarán unas llaves desde El Ferrol; al cabo de quince minutos rectifican: llegarán de A Coruña y al cabo de otros quince nos notifican que las llaves son electrónicas y que deben hacerse con el vehículo en el concesionario coruñés.
El pescador-contemplativo se transforma en el pescador-pecador y arremete contra el interlocutor, el concesionario, la electrónica y la madre de Paneque.
La mujer risueña que friega ha dejado de fregar. Se va. Necesita el móvil. Su puesto de ángel protector es ahora ocupado por la dueña del restaurante
-¿Quiere tomar algo?- y aunque me muero por un vaso de leche o de agua para pasar el trago contesto -No, gracias- (¡si no tengo un p… euro!).
Solución: Llevar el vehículo a A Coruña con una grúa.
Llamada al Seguro, grúa segura.
Y nos dieron las diez, y las once y las doce… y a las doce y media aparece una grúa diminuta con la pretensión de cargar una furgoneta de buen tonelaje. Porque sí, en nuestra intención de tener unas vacaciones libres y especiales viajábamos en furgoneta ¡y qué furgoneta! A todos las artes de pesca añádase dos buenas y anchas tumbonas “no vaya a ser que no encontremos sitio para dormir”, camping gas, una maleta con ropa de vestir, otra con ropa de batalla, dos neveras portátiles, utensilios de cocina ” no vaya a ser que pesquemos una barbaridad”, platos, vasos, dos sacos de dormir, sombrilla, toallas, toldo…
El dueño de la grúa mide y mide la furgoneta al mismo tiempo que mueve la cabeza. “Malo, malo. No entra” – pienso.
Finalmente desengancha el cable.
Mirar hacia atrás desde la cabina del conductor me produce vahídos, pero me da seguridad el hecho de que el chofer sea septuagenario y un hombre reposado.
¡Ja! es un kamikaze de manda huevos a Sandra. Yo, que pensaba que carecía de uñas retráctiles, descubro mi nueva capacidad.
120Km A Coruña.
A las dos de la tarde el buen hombre dice: – “Cuando quieran comer, paramos “-
¿Comer? Sí. ¿Cómo pagamos? Todo nuestro dinero está encerrado en la maldita furgoneta.
El venerable kamikaze se percata de pronto de la situación. Nada, nada. Ni un euro.
Nos invita a comer en el primer restaurante que encontremos. ¡Tiene bemoles la situación!
Paramos a comer. Los comensales nos miran. No es para menos.
Grúa pequeña, furgoneta enorme, conductor jubilado, señor con vadeador de neopreno hasta el pecho y señora desgreñada, pálida, ojerosa y tensa como un gato.
Hace un calor de mil demonios y al pescador-pecador-muñeco michelín está a punto de darle el pampurrio.
La dueña del restaurante aparece con un chandal y unas chanclas en sus manos
-“Quítese eso. Ya me lo devolverá”-
¡Ja! “En A Coruña van a ver la faenita que nos han hecho. Iremos hasta el concesionario con esta habillement. ¡¡Por Dios, que sí!!”
Y seguimos en carretera con el neopreno puesto y yo dando gracias al altísimo por no haber pasado la noche en una playa nudista.
Llegamos al concesionario. ¡Arrea! todos los trabajadores nos esperan espectantes. La bronca matutina ha debido de ser el comentario del día.
El hombre neumático busca a su víctima tratando de acertar con su interlocutor telefónico y elige al que tiene cara de más tonto según su opinión. Lo sé porque le conozco y manifiesta esa mirada atravesada de ¡¡ahora verás!!
Y cuando con paso blandiglú se dirige hacia su enemigo, una voz suave y aterciopelada, esa de buen vendedor, acaricia nuestra espalda: -Señores, lo siento. En unos minutos tienen su llave”-
La última palabra cierra de un portazo todo el sainete y abre una puerta a otros paisajes.

Miren.

Una respuesta a “EPPUR SI MUOVE La continuación sin retórica

  1. Bueno, bueno, bueno… ¡vaya odisea!Acuérdate: “¡Viaje con nosotros, si quiere gozar! Y disfrute…” ¡vaya viajecito! A ver si descansas ahora en el centro…
    Marcos Cadenato

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s